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Un nuevo regreso a clases

 

El mundo todavía sufre los embates de la pandemia. La educación todavía siente los coletazos de escuelas cerradas por casi dos años y el impacto sobre el rezago de miles de estudiantes afectados por la creciente brecha educativa que amenaza su continuidad escolar.

En nuestro país esta realidad se potencia ante los exiguos recursos para responder a las condiciones laborales del personal docente, el mantenimiento y dotación de los centros, contar con agua, luz, internet, transporte público.

De ahí que sigamos insistiendo en que el inicio de clases exige mayor flexibilidad y creatividad. Este período puede generar mucho estrés en las familias y puede que se detonen emociones como miedo, inseguridad y tensión.

Ante los cambios es de esperar que los niños y adolescentes sientan dudas de cómo será su relación con los nuevos compañeros. ¿Los aceptarán? ¿Tendrán que pagar el costo de ser “el nuevo”? Si fue víctima de acoso en su escuela anterior, seguramente llevarán en su morral emocional la angustia de esa mala experiencia. Puede ser que sienta resistencia por las pautas de la disciplina que de alguna forma cambió durante las vacaciones y que ahora tendrá que adaptarse a una situación que puede percibir como poco placentera y estimulante.

En ese primer día es cuando más necesitan sentirse queridos, comprendidos y apoyados por su familia y por el centro educativo. El recibimiento cálido es muy importante, desde el momento de llegar y durante toda la jornada escolar. Sabemos lo importante que son los vínculos empáticos para crear un clima afectivo y efectivo para la convivencia y el aprendizaje.

Estos primeros días de clases son propicios para el encuentro. Conversar con y entre los estudiantes sobre cómo pasaron las vacaciones. Se puede hacer con relatos, dibujos, dramatizaciones. Ideas nuevas que traen y que se pudieran incorporar como estrategias para hacer las actividades más interesantes y motivantes.

A las familias nos preocupa que:

  • No podamos inscribir a nuestros hijos o podamos pagar las mensualidades porque no nos alcance el dinero.
  • No haya suficientes maestros o los que están no estén debidamente preparados.
  • Nuestros hijos no puedan adaptarse al nuevo centro educativo si tuvimos que cambiarlos contra su voluntad.
  • Que no exista flexibilidad del colegio al exigir útiles, uniformes y demás requisitos.
  • No contar con un programa de alimentación escolar.
  • No disponer con transporte público.
  • Ser juzgados por no cumplir con algo y que no se vea el esfuerzo que estamos haciendo.
  • Nuestras propuestas para afrontar la crisis no sean tomadas en cuenta.
  • Nos sintamos solos y tengamos que “tirar la toalla”.

Los estudiantes queremos:

  • Que nuestros maestros nos reciban con cariño y alegría.
  • Conocer a mis compañeros utilizando juegos y actividades divertidas.
  • Contar las cosas agradables que hicimos en vacaciones y escuchar las de mis compañeros.
  • Compartir lo que nos preocupa. Por ejemplo: los compañeros que ya no están porque migraron o por otras razones; los estudiantes que se quedaron con algún familiar porque sus padres se fueron a otro país.
  • Realizar un acuerdo para convivir sin violencia y ponerlo a la vista de todos.
  • Ser solidarios, compartir y colaborar con los demás.
  • Que desde el primer día nuestros maestros estén atentos a situaciones de discriminación, bullying  hacia los compañeros nuevos o cualquier otro.

Los educadores deseamos:

  • Conservar nuestro empleo y recibir una remuneración que nos permita hacer frente a la situación actual.
  • Recibir el apoyo de las familias y trabajar unidos.
  • Formarnos en el abordaje de conflictos, trabajo con los estudiantes `dejados atrás´ por la migración, tener herramientas para manejar el duelo migratorio.
  • Contar con medios de transporte para poder llegar al centro educativo.
  • Acompañamiento para el manejo de nuestras emociones.
  • Ser respetados por el personal directivo, supervisores y autoridades.
  • Trabajar en equipo en base al respeto, cooperación y empatía.
  • Cuidar nuestra salud física y mental.
  • Aportar a una educación transformadora, colaborativa, creativa e innovadora.
  • Un inicio de clases que nos permita encontrarnos y trabajar juntos para potenciar el encuentro, la solidaridad y la búsqueda de alternativas.

Es por ello que desde Cecodap insistimos que en el regreso clases se tomen en cuenta los sentimientos que hemos podido constar en los principales actores involucrados: las familias, los estudiantes y los maestros. 

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