Por Fernando Pereira
Carlos es un adolescente con 13 años recién cumplidos.
Comenzó a disfrutar de su período vacacional y el dolor de cabeza de sus padres
al pensar qué va a hacer con tanto tiempo libre. El presupuesto familiar no da
para inscribirlo en los plantes vacacionales que se ofertan; tampoco pueden
pagar el pasaje para que vaya a pasar una temporada con su abuela en Margarita.
“Por lo menos tiene la conexión a internet” manifiesta el
padre con alivio de contar con “una guardería virtual” pues el trabajo les
obliga a estar fuera de casa hasta que regresan del trabajo en la noche.
Generación
interconectada
Los niños, adolescentes y jóvenes han crecido inmersos en
los múltiples beneficios de este mundo globalizado. Hemos mutado como especie y
las tecnologías llegaron para quedarse y transformar los estilos de vida. Eso
es innegable. También lo es los riesgos y peligros que entraña ese nuevo estilo.
Ignorarlo es irresponsable. Tratar de mitigar los riesgos planteando la desconexión
como la solución tampoco luce pertinente.
¿Cómo
detectar si el uso de las tics es adecuado?
Si usan las tecnologías para comunicarse, informarse,
recrearse y disfruta de ello. No deja de cumplir con sus obligaciones, con sus
relaciones personales, con compañeros, familia. El uso se convierte en abuso
cuando cambiar hábitos de sueños, no comen, dejan de asistir a reuniones con
compañeros, de practicar el deporte en el equipo del que forma parte hace unos
años… La vida gira en torno a las tics y dice mentiras o manipula para
continuar conectado. Del disfrute pasa a una obsesión.
Adicción
a las Nuevas Tecnologías
Ya se habla de una adicción que puede generar conductas
similares a las drogas o al juego patológico. ¿En qué se basan para afirmarlo?
En una guía el Defensor del Menor de Madrid sistematiza los siguientes
indicadores a los que se debe estar atentos:
Tolerancia: Necesitará cada vez más tiempo para jugar video juegos,
navegar, chatear o enviar mensajes
Pérdida
de control: No se puede dejar de
hacer independientemente de las consecuencias que ello traiga. No se puede
parar.
Abandono
de otras actividades: Va
afectando todos los ámbitos de vida la vida personal, familiar, escolar,
relacional… Incluso los hábitos de alimentación, sueño e higiene.
Ocultación: No se reconoce la situación a pesar de las evidencias.
“Cuando quiera dejo de hacerlo”
Cambios
de comportamiento: En la medida en
que pase el tiempo irán cambiando sus costumbres, hábitos y rutinas que lo irán
afectando física y emocionalmente
Síndrome
de abstinencia: Se irá aislando
familiar y socialmente. Se volverá irascible, irritable y ansioso especialmente
cuando no pueda conectarse.
No todos los adolescentes actúan de la misma manera. Hay
factores de riesgo asociados a características personales, la crianza y apoyo
familiar, la relación e identidad grupal que es tan importante en la
adolescencia.
De igual forma contamos con factores protectores que
podemos reforzar:
Establecer acuerdos para el uso de las tics: Establecer
tiempos y horarios acordados conjuntamente y poder hacer seguimiento a su
cumplimiento.
Control parental: Descargar filtros para el no acceso a
páginas de contenidos inadecuados en computadoras, teléfonos. Los equipos
deberían estar en áreas comunes de la casa como salas y no en las habitaciones.
Navegar con ellos
o conocer los video juegos que usan nos puede permitir una idea más
clara de sus hábitos, detectar riesgos o verificar si están usando video juegos
no aptos para su edad.
Alertar sobre los peligros de internet: Fenómenos como el
ciberbullying, sexting, grooming, robo de datos personales, bancarios son
realizados por depredadores que delinquen en el mundo virtual; pero que hacen
daños reales. Tenemos que hablar con nuestros hijos. El que se las sepan todas
tecnológicamente no quiere decir que tengan las habilidades sociales, pueden
ser inmaduros para abordar situaciones y nos necesitan.
Generar otras posibilidades de recreación. Hay que
ofrecer alternativas para el desarrollo de actividades físicas, culturales, sociales…
Sabemos que no es fácil por la situación económica y de inseguridad pero si no
lo hacemos estaremos propiciando que se puedan ver enganchados por las redes.
El poder del ejemplo. Tiene mucho más peso el uso que
nosotros como adultos hacemos de las redes. El modelaje que ofrecemos valdrá
más que miles de palabras.
Las tics llegaron para quedarse. Hoy en día los peligros
no están solo en la calle; sino también en las pantallas que están en casa o en
las manos de nuestros hijos.
Publicado en Efecto Cocuyo

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