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Sin educación no hay recuperación


 Está finalizando un año escolar donde la vuelta a los centros educativos fue la prioridad fundamental. Un regreso que evidenció las grandes diferencias entre una minoría de centros acondicionados y una mayoría que estuvo acompañada por carencias y dificultades. Infraestructuras no adecuadas, servicios públicos no disponibles, plantillas de personal incompletas, dificultades con el transporte público que persisten. No hay una “radiografía” única del proceso sino múltiples imágenes que dan cuenta de la diversidad cultural y socioeconómica.


En las actividades que hemos realizado en los centros hemos podido constatar que el reencuentro de los estudiantes en las aulas ha sido el elemento fundamental que ha impulsado la dinámica y que le da sentido a la educación presencial. En líneas generales hay una valoración positiva de poder retomar las actividades “cara a cara”.

También esa vuelta a la presencialidad ha hecho evidente la disminución de la población estudiantil. Urge un seguimiento para saber ¿dónde están?, ¿cuántos han migrado?, ¿cuántos han dejado de ver a la educación como una alternativa y están trabajando o sobreviviendo en las calles.

No se están atendiendo las brechas de aprendizaje “(UNESCO y UNICEF). A través del documento Educación en América Latina y el Caribe en el segundo año del COVID-19, ambos organismos hacen un llamado a los países de la región para que construyan acuerdos nacionales acerca de cómo viabilizar la presencialidad de las clases en aquellos lugares en donde aún hay escuelas cerradas y que se definan de manera urgente planes concretos de recuperación de los aprendizajes.

Es urgente que los países de la región levanten información sobre el impacto diferenciado que ha tenido la pandemia en grupos más vulnerables, como aquellos estudiantes en riesgo de abandono, estudiantes de niveles socioeconómicos más bajos, inmigrantes, refugiados y minorías, y se implementen políticas de apoyo inclusivas que aseguren el derecho a la educación de todos y todas” indicó Claudia Uribe, directora de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe.

Pacto por la Educación

El documento evidencia lo que mucho se temía: la educación a distancia no ha funcionado para la mayoría y las brechas se profundizaron. La cobertura en educación inicial y la prosecución en educación medida constituyen retos de envergadura. No se puede hablar de una recuperación de la educación de los estudiantes de los sectores más desventajados socialmente y no se puede hablar de una recuperación del país sin la educación.

El año escolar no habría podido seguir su curso sin el esfuerzo del personal docente, las familias y los propios estudiantes; pero toda esta energía no basta por sí solo, si no se hace evidente la presencia del Estado, políticas y recursos.

Para ello es imperioso el aumento de la inversión del gasto público en educación que posibilite la contratación de nuevo personal docente, mejorar las condiciones laborales, atender su salud mental, la formación de personal docente, adecuación y mantenimiento de la planta física, planes socioeducativos que generen incentivos en la nutrición y salud de los estudiantes y un gran debate sobre los adecuaciones curriculares que permitan avanzar hacia la educación para los estudiantes del siglo XXI.

Este año escolar finaliza evidenciando lo vital de la educación en estos tiempos marcados por la pandemia y solo se podrá seguir adelante con un gran acuerdo por la educación de calidad para todos.

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