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Padre hay uno solo

 

Crecimos escuchando que `padres hay muchos y madre una sola´. Todavía se sigue repitiendo esa ausencia física o emocional del padre en la familia popular matricentrada. Nuestro querido maestro, el padre Alejandro Moreno, lo sintetiza claramente, en su libro Buscando padre: historia de Pedro Luis Luna (1997): “Cuando pase a adulto, el sujeto seguirá siendo hijo, inserto en una filiación cualitativamente idéntica a lo sustancial de la filiación infantil. Las niñas aprenderán a ser madres con la figura materna en casa; los niños no tendrán la figura paterna. Irán por la vida buscando esa figura”.

La orfandad que viven muchos de nuestros adolescentes por la ausencia del padre, porque se fue, migró o está trabajando, es una realidad que sigue estando presente en buena parte de nuestros hogares.

La pandemia y el confinamiento nos dejó abundantes historias sobre el reconocimiento del padre, como la que se recoge a continuación de testimonios de niños y adolescentes en las actividades de Cecodap,  “no sabía que mi papá cocinaba tan bien” o “nunca habíamos compartido tanto tiempo para conversar y jugar”.  Esperamos que ese padre descubierto en tiempos de coronavirus pueda permanecer presente y no quedar oculto detrás del rol de proveedor, culturalmente asignado.

Cuando las mujeres se quedan solas suelen decir que son madres y padres al mismo tiempo. Ciertamente deben cumplir el doble rol, pero nunca se sustituye la presencia o importancia del padre. También, en algunas ocasiones, las madres solas trasmiten a los hijos su rabia y hablan mal del padre. Lo descalifican permanentemente. Seguramente hay razones para que exista resentimiento. A los hijos les molesta o les duele escuchar esos comentarios de su papá, aunque no lo manifiesten.

Coincidimos con Óscar Misle en que para celebrar el día del Padre es importante reconocer su importancia en el grupo familiar. Desde pequeños los hijos necesitan sentir que su padre no es un presente-ausente, en otras palabras que está y a la vez no. Es necesario que el padre aprenda a expresar sus sentimientos y emociones para que sus hijos se sientan amados y a su vez recibir el amor de sus seres queridos. No hay que esperar que llegue un infarto para recordar que hay un corazón herido por no saber expresar y recibir amor.

El hombre, como género, sigue siendo una especie con discapacidad emocional, que le genera vacíos y dudas en el momento de relacionarse y comunicarse.

A los hombres nos toca hacer la tarea y alfabetizarnos emocionalmente. La situación se complica por los condicionantes culturales que nos hacen creer que expresar sentimientos y emociones es `cosa de mujeres´ y que los hombres deben ser fuertes, valientes, no llorar, sentir miedo, etc.

De los padres aprenden que es propio del varón reprimir emociones, especialmente, las que revelan vulnerabilidad o debilidad. Tanto es así que aún se les sigue diciendo a los niños que no lloren, que sean fuertes. Se les estimula y se les tolera que sean agresivos y violentos, tanto que los incitan para que devuelvan el golpe u ofensa cuando son agredidos.

Las mujeres también deben poner de su parte. La mayoría de nuestros hombres nacieron y fueron criados por madres solas, que con todo el amor reprodujeron en la crianza las formas culturales que hacen que los varones asuman la violencia como respuesta ante los conflictos.

Este día del Padre debe representar un compromiso para seguir trabajando en la construcción y promoción de nuevos modos de ser y sentirse padres. Reivindicar que `padre hay uno solo´ y que su presencia es fundamental para crecer sanos y felices sin tener que ir por la vida tratando de llenar el vacío de su ausencia.

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