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Por Fernando
Pereira
Las recientes denuncias de casos de abuso sexual
contra músicos integrantes al menos de
cuatro bandas han hecho que salga a la luz un doloroso fenómeno. Varias de las
víctimas denuncian haber sido abusadas cuando eran adolescentes. En las redes
reciben muestras de apoyo; pero también quien les recrimina utilizar las redes
en vez de denunciar ante los organismos pertinentes.
Los hechos evidencian, por una parte, la falta de
competencia en un sistema de justicia que no da respuestas oportuna, la
desconfianza en la eficacia de la denuncia y, por otra, el velo de
moralismo criminalizando a las víctimas,
que se lo buscaron, si les importara no expondrían públicamente, como en los
conocidos casos de #MeToo que han sacudido otra sociedades.
La psicóloga Eva Duarte Oropeza, en una guía de ideas
básicas para comprender y prevenir el abuso sexual infantil de Cecodap (2000),
devela varios mitos que encajonan nuestra forma de pensar y nos impiden ver
que:
Un niño, niña o adolescente puede ser abusado a
cualquier edad.
Se atribuyaa la imaginación cualquier suceso de abuso
sexual.
Los abusadores sexuales son personas de una
determinada edad, sexo o ejercen algún oficio o profesión.
Tanto heteroexuales como los homosexuales son capaces
de realizar el abuso sexual.
Reconocer el
hecho.
El abuso sexual puede implicar una amplia gama de
actos, muchos de los cuales no incluyen el contacto físico: exhibición de
genitales, proposiciones sexuales, exposición a videos o películas pornográficas,
o con contacto, manoseos, besos, masturbación, penetración oral, anal o genital
con objetos o partes del cuerpo (dedos, pene).
El abuso sexual puede realizarse con violencia y
coerción o mediante amenazas, engaño, seducción, premios. El abusador tiene una
relación de poder, hay una asimetría entre el adulto y el niño y el
adolescente; de ahí que lo presione o amenace para que se mantenga en secreto.
Algunas personas adultas reconocen, después de años,
que fueron abusadas o abusados o tienen la fortaleza para denunciar un hecho
que en el momento prefirieron mantener. Las razones son múltiples:
No tienen la
edad suficiente para comprender lo que les está pasando
No saben expresar con palabras lo que está ocurriendo
Han sido persuadidos o amenazados para no contar el
secreto
Pueden sentir vergüenza o culpa al sentir que son
cómplices de haber provocado el hecho
Piensan que no se les creerá o que van a ser
castigados
Si el agresor es una figura pública piensan no será
procesado
¿Cómo actuar?
Desde Cecodap insistimos en que estos casos deben
activar automáticamente la denuncia ante el Ministerio Público, CICPC o
cualquier cuerpo policial, Defensoría del Niño o Consejo de Protección del
Niño, Niña y Adolescente que pueden orientar y canalizar la denuncia. Es
preferible acompañar al niño, niña o adolescente a denunciar, que no hacerlo.
Duarte advierte que la omisión o no intervención ante
la sospecha o el descubrimiento de un hecho de abuso sexual tiene severas
consecuencias para la recuperación de la víctima. Hay que interrumpir el ciclo
de violencia y proteger al niño o adolescente.
La intervención debe ser efectuada con una estrategia
de apoyo social y profesional que impida la magnificación del suceso, el
descontrol emocional y el escándalo.
El niño o adolescente debe saber que le creemos, que
está haciendo lo correcto al denunciar sobre lo ocurrido, que lo vamos a
acompañar para para que reciba el apoyo psicológico y legal.
Hay que insistir en que se trata de un delito que no puede ser
resuelto a través de conciliación o negociación con el victimario; aunque este
último manifieste estar arrepentido.
La
prevención ante todo
Desde Cecodap
reiteramos en que La educación sexual sigue siendo la base fundamental; podemos
comenzar por:
Enseñar a decir
no cuando una situación les incomode y no juzgarlos cuando no deseen acercarse
a una persona o lugar.
Enseñar a los
niños a autoprotegerse es una de las principales herramientas; no tomarse fotos
desnudos o mensajes que los puedan comprometer; especialmente en las redes
sociales.

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