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Tecnovacaciones

 

“Pedro y sus amigos, antes de la cuarentena, se reunían en el parque del edificio para inventar una cantidad de juegos. Cuando surgió el tema del coronavirus, no le quedó otra que utilizar la computadora para relacionarse y jugar. Era tanta su obsesión que se negaba a participar en cualquier otra actividad de la casa que le proponía la familia. Para él solo existía lo que veían a través de las pantallas?”.

Óscar Misle y mi persona publicamos este relato como parte del contenido del libro Los derechos y deberes se abrazan: herramientas para mejorar la convivencia con la participación de los niños, publicado por Cecodap. Le preguntamos a los lectores qué harían ellos si fueran Pedro o su familia. 

La variada gama de argumentaciones nos hizo pensar las realidades del momento actual.

“Es difícil poner un límite a las pantallas y tenerlos encerrados todo el día desde hace 6 meses. Yo que siempre fui cuidadosa con el tiempo en pantalla lo he dejado pasar y si bien tiene sus momentos de ocio y juega con sus juguetes es hijo único y eso lo hace más complejo porque sus padres teletrabajamos. De mi parte siento que he perdido esa batalla y ya habrá tiempo de recuperar sus actividades deportivas y extracurriculares pero, en estos momentos, no tenemos muchas opciones”, comenta una madre.

Ciertamente, el momento impone ser flexibles en nuestras posiciones. No está en nuestras manos controlar la situación actual ni todas las familias cuentan con las mismas posibilidades, presencia de hermanos, espacios de recreación. Por lo que debemos proponernos que la culpa no nos atrape generando una nueva capa de ansiedad y frustración.“No está bien estar tanto tiempo ante las pantallas; pero ¿cómo le hacemos? Al principio de la cuarentena compartíamos con juegos de mesa, pintábamos, veíamos películas. Ya eso se acabó y nos vencieron las pantallas, prácticamente está todo el día pegado a ellas. No me queda otra que tener paciencia y hablarle muy claro de todos los temas relacionados con las redes y que lo pudiesen afectar en algún momento”, expresa otra madre.

Alejandro Castro Santander nos plantea que el hijo desocupado en vacaciones (sin contar la prolongada cuarentena) puede presentar un cuadro muy desafiante: enganchado a las pantallas, con poca actividad física, malos hábitos alimenticios y, de paso, aburrido.

Agenda del tiempo libre: las tres d

Castro propone un plan razonable en casa basado en: diálogo, diversión y descanso. Reconoce que no es fácil (menos ahora, añadimos nosotros); pero hay que buscar que la distribución del día pueda estar equilibrado, en la medida de lo posible, con esas tres dimensiones. “No es necesario andar juntos las 24 horas. Lo ideal es equilibrar entre momentos para compartir todos y tiempo donde cada uno disfrute actividades por separado”, añade Castro.

“Nosotros como familia jugamos y, con cuidado salimos y andamos en bicicleta, claro, vivimos en un pueblo”, acota otra madre.

Reconocer que hay diversas realidades; que hay familias que ni siquiera tienen conexión a Internet o los equipos disponibles en casa no están en buenas condiciones o hay un solo teléfono que se debe utilizar para trabajar, comunicarse y, en determinados momentos, para la recreación. En pueblos, sectores populares, condominios el reto está en cómo respetar las medidas de protección sanitarias en estas vacaciones cuando la diseminación del virus está más activa.

“Estoy aburrido”

Reconocer que en todo el país tenemos diferentes realidades y miradas del momento actual. Incluso en una misma ciudad, la diversidad es marcada por lo que no puede haber una sola propuesta para llevar adelante esta situación.

Debemos poder interpretar si detrás del aburrido puede estar un llamado de atención, de “te necesito”, “vamos a estar juntos”. El aburrimiento también puede tener un umbral fecundo para que los muchachos piensen qué pueden hacer y qué les motiva. La creatividad y buenas iniciativas pueden surgir en esos momentos donde no todo está dirigido por mamá y papá.

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