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Del suicidio tenemos que hablar


 Uno de cada cuatro niños, niñas y adolescentes que acude al Servicio de Atención Psicológica de Cecodap presenta ideación suicida. La solicitud de atención se incrementó durante la pandemia y se ha mantenido. 

No contamos con cifras oficiales en el país para poder tener una radiografía fidedigna de la realidad nacional; pero es un hecho que la Organización Mundial de la Salud viene alertando sobre el aumento de adolescentes y jóvenes víctimas.

A nivel mundial el suicidio es la segunda causa de muerte en personas de 15 a 29 años.

Cuando se  hace público que un adolescente decidió ponerle fin a su vida son muchas las  interrogantes que surgen. Detrás de un suicidio puede haber muchos factores que hay que indagar: la situación emocional del adolescente, ¿qué pudo pasar para  generar los cambios en sus estados de ánimo?; trastornos en su salud mental no diagnosticados o no tratados adecuadamente; consumo de alcohol o drogas.

Otras razones pueden ser: acoso escolar; ser víctima de discriminación o abuso sexual; agresiones en el hogar; sentimientos de abandono, soledad; decepciones amorosas; duelos no procesados; diagnósticos de alguna enfermedad crónica;  traumas; suicidios en la familia, etc. 

No  quiere decir  que todos estos hechos necesariamente son inductores por si solos de suicidio; pero si son señales  que hay que atender. 

Factores de riesgo  

Si el adolescente se torna depresivo o permanentemente triste, se aísla, expresa sentimientos de desesperanza o poca valoración de sí mismo, se autoagrede, no es capaz de superar situaciones de pérdidas y se torna hostil hay que atender las alertas.

Si evita socializar o solo lo hace con determinados grupos, escribe mensajes relacionados con el deseo de morir o dibuja imágenes que permanentemente evoquen a la muerte, es rechazado por su condición sexual o siente que no cumple con las exigencias académicas puede estar en riesgo.

Todos estos son factores que pueden generar un estado emocional que le genere al niño, niñas o adolescente mucha frustración, impotencia, desesperación, angustia y ansiedad. 

Existen posiciones encontradas sobre si se debe o no hablar del tema. Hay quienes piensan que puede estimular que el adolescente busque esta salida si está siendo afectado  por alguno de los  factores antes mencionados. Otros pensamos que para prevenir hay que estar informados  y formados. La información debe ser clara, directa y pedagógica, lo mismo sucede con el alcohol, las drogas y la sexualidad.

El rol del Estado

Los centros educativos son espacios fundamentales para la prevención del fenómeno y en la mayoría se opta por no hablar del tema.

Los centros educativos son espacios claves para la socialización. Pueden constituir espacios protegidos o, por el contrario, ambientes no seguros que incrementan la violencia y los factores de riesgo a los que están sometidos algunos estudiantes.

Luce fundamental la creación de un clima escolar en el que los estudiantes se sientan aceptados. Se debe promover la prevención del acoso escolar y de la discriminación, el fortalecimiento de espacios para la participación estudiantil, la alfabetización en salud mental y en el desarrollo de habilidades sociales, la identificación de estudiantes en riesgo y la preparación del personal docente para saber qué hacer al hablar con el estudiante, su familia y sus compañeros de clases.

El trabajo coordinado con personal de salud mental es fundamental. Hay que remitir los casos para que sean atendidos por los especialistas. Igualmente hay que anticipar qué hacer si en el centro educativo se presenta un intento fallido o un caso consumado (durante y después del evento).

El Día Mundial del Suicidio debe ser un momento que nos ocupe, del que tenemos que hablar como familias, educadores, como sociedad ante un problema de salud pública que nos pide estar alerta y exigir a las autoridades que se adopten medidas efectivas para su prevención y atención.

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