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El reto de hacerse daño


 Las autoridades italianas han abierto una investigación contra la plataforma TikTok por la publicación de numerosos videos de adolescentes y jóvenes que se autolesionan, el más reciente denominado el reto de la cicatriz francesa.


Los organismos competentes destacan que la plataforma no cuenta «con sistemas adecuados para supervisar el contenido publicado por terceros y no se aplican las normas de la remoción de contenido peligros que incite al suicidio, autolesiones e información incorrecta».

La última tendencia que se viralizó en TikTok se originó en Francia y consiste en pellizcarse los pómulos con tanta fuerza y durante tanto tiempo que tiene que salir un moretón e incluso puede dejar señales permanentes.

Cada cierto tiempo, y cada vez con más frecuencia, irrumpe un nuevo episodio de los llamados «juegos de retos».


Formar para la responsabilidad

El reto es preparar a nuestros hijos y estudiantes para convivir. Estimularlos a reflexionar sobre las posibles soluciones a las consecuencias o problemas generados por este tipo de prácticas temerarias; desarrollar sentido de respeto hacia los demás, hacia cualquier ser vivo, al bien común, instalaciones y servicios públicos, a los derechos humanos; a actuar con justicia; será el camino seguro para formarlos como ciudadanos respetuosos y solidarios.

Sin duda es un camino más largo, con obstáculos, pero será la vía segura para formar personas responsables que no usen las influencias para evadir responsabilidades o recurran a la violencia para resolver sus conflictos, diferencias y cultivar desde la casa la ciudadanía que el país reclama.

Momentos educables

Como padres y educadores tenemos que pensar que los hechos desagradables pueden constituir momentos educables para la formación. Se puede tomar consciencia en minutos de las implicaciones que no se han querido ver o asumir en toda la vida.

Si como adultos asumimos que nuestro papel cuando se meten en problemas es encubrir para que evadan las consecuencias de sus actos, los estaremos formando como seres irresponsables que entenderán que siempre tendrán a papá o mamá para resolver los entuertos.

Se puede educar para la responsabilidad, sin violencia y eso no es sinónimo de «niños que hacen lo que les da la gana». No se trata de la falta de correa, sino por la falta de comunicación, de acompañamiento, del modelaje necesario, del incumplimiento de las leyes y pautas de convivencia y de instituciones sólidas.

La responsabilidad

En las actividades que permanentemente realizamos con adolescentes en distintos municipios, podemos evidenciar que un porcentaje no desestimable ignora que los adolescentes de 14 años y más tienen responsabilidad penal en nuestro país. Pueden ser procesados cuando se sospecha su participación en un hecho punible. En las familias y centros educativos tenemos que conversar sobre las implicaciones que pueden tener sus actos.

Tenemos que preguntarnos si en la familia hemos establecido acuerdos de convivencia con claridad, quedando definidas las consecuencias de su incumplimiento. Suele pasar que no están claras las consecuencias cuando se irrespeta lo negociado. También sucede que se desautorizan los acuerdos porque los miembros de la familia, tienen puntos de vista diferentes y el adolescente acude a la persona que pueda complacerlo.

Criar y educar deben posibilitar que en el proceso de formación y participación los adolescentes asuman autocontrol, autonomía, responsabilidad y la confianza para convivir exigiendo el respeto de sus derechos y respetando el de los demás.

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