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¿Conoces al youtuber de tu hijo?


 Si se realiza una búsqueda en Google de «quiero ser youtuber» se encontrarán más de 6 millones 600 mil enlaces; si la opción es «quiero ser influencer» se sugieren más de 5 millones 400 mil opciones. Una encuesta realizada en España por la firma Adecco (2021) reveló que el 6.1% de los niños y adolescentes españoles (4 a 16 años) querían ser youtubers.


Esta data nos habla del nivel de interés por estas categorías que todavía muchos abuelos y padres no saben definir. Quienes trabajamos con niños y adolescentes sabemos de la afición que generan y forman parte de las aspiraciones vocacionales de los más jóvenes junto a gamers, diseño de videojuegos, apuestas en línea que desplazan a las carreras tradicionales de médico, enfermera, ingeniero, comerciante.

Reflejan por una parte la realidad económica vivida por muchos de sus familiares o de los profesionales que están a su alrededor, quienes desde hace años sobreviven con salarios famélicos y deben realizar varias tareas para obtener los ingresos que ya no les llegan por el pago de la nómina.

Estamos ante un quiebre cultural que evidencia una brecha de los más jóvenes, quienes han sido gestados en la inmediatez y desconfían de una carrera educativa que les ofrece un crecimiento en años, que equivale a ir las escaleras, porque ellos prefieren tomar el ascensor. Un riesgo inminente pensar que el éxito está a la vuelta de la esquina, llegarás rápido, con el menor esfuerzo, sin prepararse.


Los nuevos mentores, los influencers


De acuerdo al estudio realizado por el Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la UCV (ININCO) y CECODAP (2020), los adolescentes de la Gran Caracas buscan información principalmente en YouTube y recurren a influencers, youtubers, humoristas para informarse sobre los temas de su interés.

La investigadora digital Beatriz Feijoo afirma que las redes sociales contribuyen a que “los influencers son vistos como ‘amigos cercanos, próximos’, lo que refuerza la idea de que cualquiera puede alcanzar su popularidad y éxito, un sentimiento especialmente extendido entre los niños, niñas y adolescentes”. Pueden asumir el rol de vestirse, peinarse y la forma de hablar de nuestros hijos. Pueden ir más allá introduciendo cánones de belleza, estereotipos con la figura física, que puede acarrear serias dificultades para la salud física, mental, incluyendo desórdenes alimenticios. 

En muchos casos nos vamos a sorprender de la banalidad, frivolidad, superficialidad e incluso la transmisión de un consumismo exacerbado que debemos preguntarnos si es lo que queremos para nuestros hijos.


No podemos quedarnos con los brazos cruzados


Yuval Levin , politólogo, utiliza una imagen poderosa: “No es que las redes sociales no tengan un valor rescatable, pero en general no son un lugar para los niños. Si Instagram o TikTok fueran lugares físicos en tu vecindario, probablemente nunca dejarías a tus hijos, aunque fueran adolescentes, ir ahí solos. Los padres deberían tener la misma capacidad de decisión sobre la presencia de sus hijos en estos espacios virtuales”.

El autor considera que fue un error dejar a los niños y adolescentes entrar a las redes desprotegidos y expuestos a los efectos de la publicidad desmedida, contenidos inadecuados y a plena merced del algoritmo.

Debemos fortalecer la paternidad digital para proteger a nuestros hijos y fortalecer en ellos la resiliencia y pensamiento crítico ante los influenciadores que lo que buscan es monetizar y vender al costo que sea.

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