Mientras me disponía a escribir estas líneas sobre el
inicio del año escolar escucho por la radio que la Escuela Técnica Industrial
“Simón Bolívar” de Acarigua no podrá comenzar las clases presenciales pues fue
desmantelada.
“Carlos Sánchez, director del referido plantel
educativo, señaló que tras haber sido blanco de la delincuencia en diversas
ocasiones, la instalación está muy deteriorada y los equipos y maquinarias
necesarios para impartir educación fueron sustraídos, por lo que se hace
imposible comenzar clases presenciales en el mes de octubre”, el Diario última Hora de Portuguesa me permite
corroborar la información.
El año pasado, por esta misma época, calificaba como
incierto el inicio de actividades escolares; doce meses después las
interrogantes se siguen acumulando. Unicef Regional ha recopilado en su web los
“Protocolos y orientaciones para la reapertura de escuelas en países de América
Latina y el Caribe” emanados de las respectivas autoridades educativas. Ya no
sorprende que él único país que no ha suministrado información sea el nuestro.
La razón posiblemente sea que el “Plan Victoria
Bicentenaria: Inicio de clases seguro y progresivo (2021-2022)” se difunde una
semana antes del llamado a inicio de actividades con los docentes y familias el
lunes 16 de septiembre. Un anuncio sobre la fecha augura improvisación,
imposibilidad de programar, tomar previsiones, hacer los preparativos y
reafirma que la educación no está entre las prioridades.
Anuncia el plan 10 vértices estratégicos; pero no hay
un diagnóstico sobre la realidad de los centros educativos y sus actores, no
hay metas, indicadores, fechas. No sabemos cuántos de los centros se encuentran
en la misma situación de la ETI “Simón Bolívar”.
El primer vértice subraya la prioridad de garantizar
un retorno seguro, protegido y de manera progresiva a una matrícula de
8.763.066 estudiantes con pautas de bioseguridad confiables. El director de la
ETI Simón Bolívar hace un llamado reciente: “Estamos pidiendo el apoyo de los padres en
cuanto al suministro de cloro, alcohol, tapabocas, entre otros insumos de
bioseguridad para combatir el Covid-19 ya que la institución no tiene recursos
para comprar eso”. ¿es solo su caso? ¿cuentan con servicio de agua? El plan
oficial no señala de dónde saldrán los recursos.
“Amor para mi Maestro(a)” es el segundo vértice
que destaca la vacunación de 1.100.000 personas que laboran en el sector
educativo. De ese 100% del personal no hay nada que nos indique qué porcentaje
ha sido vacunado hasta la fecha. “La promoción de la actualización de la
contratación colectiva frente a los embates de la guerra económica” es una
promesa que se queda corta ante los desesperados llamados de los docentes que
sobreviven con el valor de unos escasos dólares y se preguntan cómo pagarán el
transporte o la tarifa telefónica.
“Mi Bella Escuela” tiene que ver con la
refacción y acondicionamiento de los centros educativos. Mi preocupación crece
al leer que del total de 29.103 instituciones educativas señala que, a corto
plazo, solo 500 serán alcanzadas por “Una Gota de Amor para mi Escuela” de Fede
y 952 con alianzas estratégicas con Gobernaciones, Alcaldía y otros
Ministerios. Esas gotas lucen insuficientes para planteles que han estado 18
meses cerrados.
Confieso que el plan me llena de interrogantes.
No hay duda de que las escuelas deben abrir en la medida de las posibilidades.
Todos sabemos de las limitaciones de la educación a distancia en un país como
el nuestro. Urge partir de la realidad y posibilidades de cada centro. Habrá
condiciones donde las familias, docentes y comunidades organizadas trabajen,
presionen, exijan y las creen.
Fe y Alegría, Avec, Andiep, centros educativos
privados (son de los que tengo conocimiento) tienen meses pensando en las
alternativas para el reinicio y los obstáculos con los que se deben enfrentar.
Hay que apoyar estas iniciativas para que puedan seguir adelante a sabiendas de
que no es fácil. Las autoridades deben apoyar y no obstaculizar.
La principal preocupación está en la red
pública escolar que representa el 80% de los centros. El reto es a
progresivamente ir reabriendo las aulas exigiendo las condiciones que lo hagan
posible para salir de la inercia. La brecha educativa seguirá creciendo si como
sociedad no damos la cara por la educación.

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