En el último mes me han contactado tres familias, de distintos estados del país, para plantear la situación de sus hijos recién graduados de bachilleres. No quieren estudiar aquí, solo se plantean la opción de hacerlo en otro país; pero las familias no cuentan con los recursos y dependen de la tramitación de una beca que no es algo sencillo.
El ingreso a las universidades no ha sido tema fácil para resolver
en la adolescencia; pero esta realidad se ha complejizado para los adolescentes
de la generación de la emergencia humanitaria. Muchos adolescentes han perdido
el interés por estudiar. No le ven sentido a hacerlo para ejercer una profesión
sin mercado de trabajo o para morir de mengua como los profesores, enfermeras,
médicos que ven a su alrededor. Un amplio grupo de ellos deben, a la brevedad,
buscar los medios para sobrevivir.
Otros se niegan a incorporarse a las universidades nacionales que
están en cuidados intensivos. La Encuesta del Observatorio de Universidades
sobre condiciones de vida de la población universitaria 2021 indica que el 30%
de los docentes universitarios tiene ingresos de 1 a 10 dólares mensuales. El
profesor Leonardo Carvajal señala que uno de cada dos estudiantes ha abandonado
sus estudios desde que comenzó la pandemia principalmente por la situación
económica.
La
posibilidad de migrar a otro país constituye para muchos adolescentes la única
salida. La pandemia por el coronavirus,
hizo cuesta arriba esa opción. Se
profundizó su desesperación por las dificultades y prohibiciones temporales
para viajar a otros países. Adicionalmente se incrementaron los costos de los
aranceles tributarios para expedir ó renovar los pasaportes, requisito
indispensable para viajar al exterior.
Sienten la frustración de ver que es imposible esta posibilidad por todo el impacto producido
por el coronavirus en el ámbito político, económico y social.
¿Cómo
apoyar a los adolescentes en estos momentos?
Acompañar desde nuestra
experiencia. Como adultos nuestro papel fundamental es
acompañarlos en el viaje de construcción de su vida y de quienes quieren ser.
En los tiempos actuales el mayor esfuerzo debe ser en animarlos, a pesar de las
circunstancias, a seguir adelante, a mantener la esperanza, a saber que a pesar
de las dificultades hay que proseguir. Lo que no se vale es bloquearle las
alternativas y sueños.
Realizar actividades
exploratorias. Puede pasar que a un estudiante que le
va bien en matemática piense que la ingeniería o la administración son sus
alternativas; sin embargo, en su trabajo de campo descubre, en su contacto con
las comunidades, su vocación por lo social y que le atrae la sociología, las
ciencias políticas, estadísticas o el derecho.
Identificar otras
alternativas. No se puede dejar de considerar a ese
contingente de estudiantes a quienes se les dificulta entrar a la educación superior bien porque no
les interesa, o porque no cumplen con los requisitos exigidos. También hay
quienes logran entrar, pero se les hace cuesta arriba cumplir con las exigencias académicas. Esta frustración plantea la necesidad de
buscar otras alternativas, no necesariamente académicas, que le permitan a la
persona desarrollar habilidades, destrezas y adquirir conocimientos que la preparen para optar por un
trabajo en el que pueda encontrar
rutas para su realización personal y
profesional.
Vencer prejuicios. Muchos
diseñadores de moda, chefs, deportistas; numerosos comerciantes, empresarios;
así como también músicos, cineastas, actores, pintores, poetas, escritores y
educadores exitosos, tuvieron que luchar contra la resistencia de sus familias
quienes les advertían que esas carreras u oficios podían ser segundas o
terceras opciones, una vez que tuvieran una carrera “seria y productiva”.
Podían ser “pasatiempos” pero no prioridad en su proyecto de vida. De hecho,
muchos adolescentes estudiaron otras carreras por presión social, pero su
atracción por esas ocupaciones “poco productivas” a la larga se impusieron y tomaron el timón
de sus vidas.
Impulsar iniciativas
innovadoras. Muchos adolescentes descubren sus habilidades
para el comercio y las negociaciones a
través de actividades laborales que posibilitan poner en práctica su talento
para relacionarse y generar recursos, ideas, propuestas innovadoras que los
convierten en exitosos. Muchachos que no están contaminados por
convencionalismos, sino que rompen paradigmas; un ejemplo de ello son aquellos
adolescentes que logran incursionar en el mundo del desarrollo de programas de
computación, animación digital, planes vacacionales, redes sociales. Un mundo
donde influencers, gamers, youtubers, coachs sustituyen a las profesiones
sinónimo de éxito que conocimos nuestras generaciones.
Si nuestros
hijos van tras lo que les apasiona están condenados a ser exitosos y felices.
El reto es que puedan contactar con ello y esforzarse para hacerlo realidad a
pesar de las duras circunstancias.
En el último mes me han contactado tres familias, de distintos
estados del país, para plantear la situación de sus hijos recién graduados de
bachilleres. No quieren estudiar aquí, solo se plantean la opción de hacerlo en
otro país; pero las familias no cuentan con los recursos y dependen de la
tramitación de una beca que no es algo sencillo.
El ingreso a las universidades no ha sido tema fácil para resolver
en la adolescencia; pero esta realidad se ha complejizado para los adolescentes
de la generación de la emergencia humanitaria. Muchos adolescentes han perdido
el interés por estudiar. No le ven sentido a hacerlo para ejercer una profesión
sin mercado de trabajo o para morir de mengua como los profesores, enfermeras,
médicos que ven a su alrededor. Un amplio grupo de ellos deben, a la brevedad,
buscar los medios para sobrevivir.
Otros se niegan a incorporarse a las universidades nacionales que
están en cuidados intensivos. La Encuesta del Observatorio de Universidades
sobre condiciones de vida de la población universitaria 2021 indica que el 30%
de los docentes universitarios tiene ingresos de 1 a 10 dólares mensuales. El
profesor Leonardo Carvajal señala que uno de cada dos estudiantes ha abandonado
sus estudios desde que comenzó la pandemia principalmente por la situación
económica.
La
posibilidad de migrar a otro país constituye para muchos adolescentes la única
salida. La pandemia por el coronavirus,
hizo cuesta arriba esa opción. Se
profundizó su desesperación por las dificultades y prohibiciones temporales
para viajar a otros países. Adicionalmente se incrementaron los costos de los
aranceles tributarios para expedir ó renovar los pasaportes, requisito
indispensable para viajar al exterior.
Sienten la frustración de ver que es imposible esta posibilidad por todo el impacto producido
por el coronavirus en el ámbito político, económico y social.
¿Cómo
apoyar a los adolescentes en estos momentos?
Acompañar desde nuestra
experiencia. Como adultos nuestro papel fundamental es
acompañarlos en el viaje de construcción de su vida y de quienes quieren ser.
En los tiempos actuales el mayor esfuerzo debe ser en animarlos, a pesar de las
circunstancias, a seguir adelante, a mantener la esperanza, a saber que a pesar
de las dificultades hay que proseguir. Lo que no se vale es bloquearle las
alternativas y sueños.
Realizar actividades
exploratorias. Puede pasar que a un estudiante que le
va bien en matemática piense que la ingeniería o la administración son sus
alternativas; sin embargo, en su trabajo de campo descubre, en su contacto con
las comunidades, su vocación por lo social y que le atrae la sociología, las
ciencias políticas, estadísticas o el derecho.
Identificar otras
alternativas. No se puede dejar de considerar a ese
contingente de estudiantes a quienes se les dificulta entrar a la educación superior bien porque no
les interesa, o porque no cumplen con los requisitos exigidos. También hay
quienes logran entrar, pero se les hace cuesta arriba cumplir con las exigencias académicas. Esta frustración plantea la necesidad de
buscar otras alternativas, no necesariamente académicas, que le permitan a la
persona desarrollar habilidades, destrezas y adquirir conocimientos que la preparen para optar por un
trabajo en el que pueda encontrar
rutas para su realización personal y
profesional.
Vencer prejuicios. Muchos
diseñadores de moda, chefs, deportistas; numerosos comerciantes, empresarios;
así como también músicos, cineastas, actores, pintores, poetas, escritores y
educadores exitosos, tuvieron que luchar contra la resistencia de sus familias
quienes les advertían que esas carreras u oficios podían ser segundas o
terceras opciones, una vez que tuvieran una carrera “seria y productiva”.
Podían ser “pasatiempos” pero no prioridad en su proyecto de vida. De hecho,
muchos adolescentes estudiaron otras carreras por presión social, pero su
atracción por esas ocupaciones “poco productivas” a la larga se impusieron y tomaron el timón
de sus vidas.
Impulsar iniciativas
innovadoras. Muchos adolescentes descubren sus habilidades
para el comercio y las negociaciones a
través de actividades laborales que posibilitan poner en práctica su talento
para relacionarse y generar recursos, ideas, propuestas innovadoras que los
convierten en exitosos. Muchachos que no están contaminados por
convencionalismos, sino que rompen paradigmas; un ejemplo de ello son aquellos
adolescentes que logran incursionar en el mundo del desarrollo de programas de
computación, animación digital, planes vacacionales, redes sociales. Un mundo
donde influencers, gamers, youtubers, coachs sustituyen a las profesiones
sinónimo de éxito que conocimos nuestras generaciones.
Si nuestros
hijos van tras lo que les apasiona están condenados a ser exitosos y felices.
El reto es que puedan contactar con ello y esforzarse para hacerlo realidad a
pesar de las duras circunstancias.

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