Por Fernando
Pereira
La Oficina Regional de Educación para América
Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago), a través de su Laboratorio
Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE), dio a
conocer los hallazgos de la encuesta A un año del comienzo de la pandemia: Continuidad educativa y
evaluación en América Latina y el Caribe en 2021, la que se aplicó en marzo de
2021 y que fue respondida por 18 países de la región; lamentablemente
Venezuela, una vez más, no participó.
Esta encuesta evidencia lo que la UNESCO ha
señalado en otros informes: que la pandemia transformó a América Latina y el
Caribe, en la región con el cierre de escuelas más prolongado del mundo, con un
promedio superior a los seis meses; nuestro país se ubica a la cabeza de los
que han tenido las escuelas cerradas por más tiempo, desde el inicio del
confinamiento en marzo de 2020.
Hacia marzo de 2021, fecha en que se recabó
la información, la mayoría de los países se encontraban en diversas situaciones
de cierre total o parcial, pues varios de ellos entraron o estaban viviendo de
lleno una segunda ola de COVID-19, y declararon tener problemas en
infraestructura, conectividad, disponibilidad de elementos de higiene y
protección y estándares mínimos de seguridad sanitaria.
“El estudio resaltó que
los países parecen tener claro que el 2021 debe ser un año en que se priorice
el diagnóstico para conocer los efectos de la pandemia. Estas acciones serán
fundamentales para dimensionar el impacto sobre los aprendizajes, coordinar
apoyos pertinentes y tomar medidas adecuadas para subsanar las brechas y los
retrocesos que se dieron en términos de calidad y equidad”, destacó Carlos
Henríquez, director del LLECE.
En Venezuela el año
finaliza sin información oficial actualizada y accesible que permita tener la
radiografía del momento. Todo evidencia las grandes diferencias entre la
diversidad existente. Se ha hecho un esfuerzo notable por parte de familias,
docentes y los propios estudiantes para adecuarse a las circunstancias; pero es
evidente el agotamiento y lagunas existentes sobre los alcances de lo logrado.
Dentro del 20% de la red
escolar que corresponde a colegios privados es donde se palpa un mayor
desarrollo de la modalidad a distancia por contar con mayor capacidad de
conectividad, contar con dispositivos, docentes con apoyo por parte de los
centros educativos, familias con capacidad de acompañar a sus hijos. Las
condiciones no son homogéneas entre todos los privados; pero el contraste con
la educación pública es evidente. Mientras en lo privado tenemos estudiantes
que manifiestan estar abrumados por la cantidad de horas de actividades en
línea y asignaciones; en lo público la preocupación es por cuántos estudiantes
se han ido desvinculando del quehacer educativo y tenemos el riesgo de que se
queden atrás.
Reabrir las escuelas: prioridad del nuevo año
El poder volver a retomar
la presencialidad de manera gradual, escalonada, descentralizada, con la
participación de cada comunidad educativa para determinar sus condiciones luce
como un imperativo para realizar el diagnóstico sobre el impacto de la pandemia
en la población estudiantil, docente y en el aprendizaje y que permitan abordar la brecha.
Ello no quiere decir que
no se puedan utilizar modalidades mixtas, combinando en los casos donde sea
factible la semipresencialidad con la virtualidad aprovechando lo que funcionó
durante este tiempo.
Para que ello sea posible
será clave asegurar:
La vacunación para la
totalidad de los docentes.
Una propuesta salarial que
atraiga a los docentes, quienes durante este tiempo han recurrido a otras
estrategias para generar ingresos.
Un plan de emergencia para
el mantenimiento, dotación y acceso a servicios públicos de los centros
educativos.
Prolongar el cierre de las
escuelas en detrimento de la mayoría de la población es mantener abierta la
puerta de salida hacia la nada.

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