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Celos que matan


 En lo que va de año el país se ha visto conmocionado por varios casos de femicidio. En la mayoría de ellos el perpetrador fue la pareja con quien vivía o vivió. Lamentablemente la violencia se va incubando poco a poco.

Al principio, la chica adolescente  se sintió  feliz de encontrar un chico que la deseara  y amara tanto. Lo  que no  pensó fue que muy pronto se convertiría en su verdugo. 

Comenzó a restringir sus salidas. Le exigía no usar determinadas  prendas de vestir, especialmente las  que mostraban sus encantos. Comenzó a decidir quiénes serían sus amistades  y  cuáles no. Le exigió que dejara el grupo juvenil de la parroquia y la vigilaba permanentemente cuando iba del liceo o su casa. En los momentos libres le prohibía salir por temor a que lo engañara o abandonara. Cuando entraba en crisis agudas de celos la amenazaba con suicidarse. Llegó a agredirla y sintió  que su vida corría peligro.

Los celos hacen que el celoso sienta  sospecha, inquietud, ansiedad  de que la pareja se fije en otra y  ponga su cariño e interés en ella.  

Es un  sentimiento de inquietud que llega a ser muy doloroso. Se mezclan las emociones por el  miedo de perder a quien se  ama y se siente rabia de que el centro de su afecto se fije en otra persona. Se puede sentir envidia de quien genera los celos, por sus atributos, reales o imaginarios. 

¿Sentir celos es normal?

Todos en algún momento hemos sentido celos, temor de perder la atención e interés del ser amado porque percibimos que  se siente atraído por otra persona. Los celos se activan cuando la persona se siente insegura, no se siente amada. Se vuelven patológicos cuando se deja de hacer lo que nos da bienestar por estar pendientes de la vida del otro. Se pierde el interés por el estudio, trabajo, la familia, los amigos y la salud. Toda la energía se invierte   en espiar a la pareja.

Según las estadísticas, en un 30% de los episodios de violencia los celos están como protagonistas. 

Síndrome del príncipe destronado 

Los niños temen perder el afecto, la atención o el amor de sus seres queridos. Se habla del síndrome del príncipe destronado. Es el caso de los celos entre hermanos con el nacimiento de un hermano menor. Los hermanos mayores sienten que sus padres centran la atención en el nuevo hermanito y no reciben el amor, la atención, el reconocimiento  que antes recibían, y comienzan a adoptar comportamientos que evidencian emociones de rabia, tristeza, rebeldía con cambios importantes en su forma de actuar  y relacionarse. Se pueden poner serios, retraídos, agresivos y hostiles. 

La familia con la llegada del nuevo integrante puede descuidar afectivamente a los otros hijos. Los presionan para que lo quieran y no aceptan sus sentimientos de rabia; más bien los juzgan como celosos, egoístas o envidiosos. 

En la adolescencia los celos se desplazan hacia amigos y  sus primeras relaciones  sentimentales, debido a los cambios hormonales, emocionales y psicológicos  propios de este período de desarrollo, los celos pueden ser vividos con mucha intensidad generando ansiedad y sufrimiento.

Si los celos se hacen permanentes e intensos pueden transformarse en una situación patológica que afecta las relaciones presentes y  futuras.      

¿Qué se puede hacer?

Educación emocional desde los primeros años. Es importante en todo el proceso de desarrollo,  enseñarles a los hijos que la persona que aman no es de uso exclusivo, no es un objeto que te pertenece. En el período escolar, cuando se aferran a un compañero o compañera y sufren cuando decide tener otro amiguito hay que hacerles ver que no podemos obligar a nadie  que su afecto  y atención esté centrada sólo en nosotros.

Aceptar que los celos están presentes en  las relaciones. Los sentimos entre los hermanos, a los padres, abuelos, amigos. No se pueden reprimir ni negar. Nos toca revisar cómo somos a la hora de manifestar nuestras expresiones de amor. Puede que, sin darnos cuenta, le generemos celos cuando  tenemos  preferencia por otro hijo o estudiante y lo desplazamos. Al preferido le expresamos atención, amor, reconocimiento… mientras que el otro se siente invisible y excluido.    

Hablar sobre la emociones. Creando espacios para que puedan compartir, sin juzgar, qué sienten, por qué se sienten celosos, a qué le temen, cuáles son las situaciones que los provocan. Al comunicarlo calman su ansiedad, sensaciones, angustia, temores.

Reforzar su autoestima y confianza en sí mismos. Puede ser útil contar  nuestra experiencia personal, cómo lo superamos. En la medida que vayan desarrollando la confianza en sí mismos, la auto aceptación, menor será el temor a sentirse desplazados. 

Hacer consciente que se tiene el problema. Cuando los celos se convierten en celopatía es importante el  apoyo profesional. No se debe  dejar  pasar el  tiempo. La celopatía es una enfermedad  que puede poner  en peligro la vida y la integridad  física o  emocional

Desde los primeros años se puede prevenir o se puede formar a un celópata; se puede formar una niña emocionalmente fortalecida o a una potencial víctima. La decisión es nuestra.

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