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Epidemia silenciosa


 “Es de suma preocupación las amenazas que la pandemia representa en la salud mental de la población mediante la generación o agravamiento de trastornos psicológicos, neuropsiquiátricos y emocionales. La depresión, los trastornos generados por el uso de sustancias adictivas, así como la ansiedad, el estrés, el pánico o riesgos de suicidio, entre otros”, recogió un reciente comunicado de  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y su Relatoría Especial sobre los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (REDESCA)  

Por otra parte, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en América hay una crisis de salud mental sin precedentes, producto del aumento del estrés, como del consumo de alcohol y drogas ante las medidas de restricción a la movilidad que se han impuesto frente a la pandemia. A su vez, esta situación se ha visto agravada porque los Estados, al dirigir sus esfuerzos para dar respuesta a las afectaciones físicas relacionadas con el COVID-19, estarían descuidando la atención de la salud mental de la población.

En este contexto, la misma OPS advirtió recientemente que en las Américas las enfermedades de salud mental han sido una epidemia silenciosa, que lleva a la región a tener el segundo nivel más alto de consumo de alcohol a nivel mundial, así como la ansiedad y la depresión como las dos principales causas de discapacidad.

A esta alerta expresada por los dos organismos, se suma la del Movimiento Internacional de la Cruz Roja: “El COVID-19 afectó la salud mental de la mitad de las personas encuestadas en siete países, debido a la carga adicional de estrés y sufrimiento que impuso la pandemia a comunidades en todo el mundo”.

Todos los organismos coinciden en la urgencia de tomar medidas inmediatas, invertir en salud mental y apoyo psicosocial para contribuir a sobrellevar la situación y seguir adelante.

Las escuelas no se enteran

Se inició un nuevo año escolar lleno de preguntas y signado por la incertidumbre. Hemos podido chequear con estudiantes y docentes de distintos centros y realidades —aunque esto no represente un estudio exhaustivo—  y las principales inquietudes se centran en lo práctico: si los alumnos ya pudieron ver materia, si la conexión de Zoom funcionó o si llegó el PDF con la guía de asignaciones.

Ninguno reporta actividades dedicadas a chequear cómo están los estudiantes, conocerse entre sí cuando se trata de nuevos grupos, conocer al nuevo docente, poder expresar sus expectativas, esperanzas, temores ante el camino que se está emprendiendo. 

En estos momentos es fundamental, más que nunca, la generación del contacto afectivo para propiciar el vínculo con y entre los estudiantes. Puede constituir la diferencia para mantenerlos motivados y para prender la chispa de las ganas de querer seguir estudiando. Así como también para fomentar la curiosidad, base fundamental que mueve el deseo de aprender; y para detectar situaciones de agresiones o violencia, de desmotivación, depresión o ideación suicida que se han elevado durante esta “cuareterna”.

Las familias, madres, padres, representantes se unen a la presión: esperan que sus hijos o representados no pierdan tiempo. “Que comiencen las clases de una vez”, “ya bastante tiempo han perdido”, “que les manden muchas tareas para que estén ocupados”.

Se genera una simbiosis entre las exigencias de las familias y la necesidad de justificar de los centros educativos. A mayor volumen de asignaciones escolares exigidas o de horas conectados al Zoom, se entiende que los docentes están trabajando y, en el caso de la educación privada, se puede justificar el costo de las mensualidades.

Urge que las familias, directivos, docentes y autoridades educativas entiendan las complejidades del momento que estamos viviendo. La educación debe adaptarse al momento para mantener la salud física y emocional del estudiantado. Necesitamos una escuela con la capacidad de aprender y evolucionar con el momento actual. Una educación que sea capaz de avivar y conectar con el proyecto de vida de los estudiantes, especialmente de los adolescentes.

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