Por Fernando Pereira
En
un taller con adolescentes que realizamos en Cecodap se planteó hablar sobre el
ideal de pareja. Para nuestra sorpresa uno de los grupos conformado por chicas
expresó: “Me fastidian y parecen sosos los hombres sensibles, cariñosos,
melosos. Son mas interesantes los que son secos, rudos y reservados. Detestamos
los hombres parlanchines”.
Vivir
en pareja es un tema del que no se habla a niñas y niños. Pareciera que es algo
innato al ser humano. Se supone que todos, como hijos e hijas, aprendemos por
la vida en pareja de nuestros padres. Supuestos que ignoran que en miles de
hogares de nuestro país no hay parejas, hay un modelo monoparental y, en otras
miles, hay modelos de relación de pareja mediados por la violencia y
descalificación.
La
mayoría de los niños, niñas y adolescentes crecen naturalizando modelos tóxicos
de relación; donde hay que aceptar la violencia, descalificación o hay que
dejar de ser uno mismo para poder seguir adelante.
Nos
parece fundamental los esfuerzos que se realicen en la dirección de aprender,
desde pequeños, el significado de convivir y el ejercicio de las destrezas que
ello requiere. Por eso valoro especialmente el recurso que representa la Guía para evitar relaciones románticas con
comportamientos tóxicos y machistas presentada por el Pacto de Estado
contra la Violencia de Género y varios Ayuntamientos españoles.
Desde
niños habría que comenzar a distinguir un amor sano del que hace daño tal como
lo presenta esta publicación:
El amor es sano cuando…
Escucha y se interesa
por tus sentimientos.
No te grita, humilla
ni desprecia. No te amenaza.
Jamás te agrede.
Respeta tus
relaciones familiares y sociales.
No te presiona para
tener relaciones sexuales.
Respeta tus
decisiones. No juzga tu forma de vestir.
Respeta tu libertad e
intimidad y confía en ti.
El amor es violencia cuando…
Ignora o desprecia
tus sentimientos con frecuencia.
Te humilla, grita o
insulta en privado o en público.
Amenaza con hacerte
daño a ti o a tu familia.
Te ha agredido alguna
vez.
Te aísla de
familiares y/o amistades.
Te fuerza a mantener
relaciones sexuales.
Toma las decisiones
por ti.
Controla tu manera de
vestir, molestándose si no le haces caso.
Controla tu teléfono
y redes sociales (te pide tus contraseñas, se molesta si no le contestas al
momento de escribirte) o te amenaza con compartir tus fotografías íntimas.
Desnaturalizar la violencia
Indicábamos que para
muchos niños y niñas la agresión y humillación puede ser el tipo de relación
que ven en casa. Por eso, desde pequeños, deberían contar con una educación
emocional que plantee no es normal que en una relación de pareja te agredan y
hagan sufrir.
Aprender a
identificar modelos de relación, por ejemplo cuando se hace presente la
violencia de género donde se repite un círculo vicioso: Acumulación de
tensiones, explosión y “luna de miel” donde el agresor se arrepiente, pide
perdón, hace todo tipo de promesas, regalos…
El carácter de las
relaciones se expresa hoy en día en las redes sociales. La Guía mencionada
advierte identificarla:
“Te presiona para que
le des tus contraseñas como muestra de amor y confianza por tu parte. Y si no
lo haces, ¡se molesta!
Quiere saber siempre
quién te llama o escribe al celular, ver tus conversaciones y qué contactos
tienes en las redes sociales. Te presiona para saberlo.
Controla los
comentarios de tus redes sociales.
Te exige saber cuándo
y por qué te has conectado para hablar con alguien.
Te pide que le envíes
tu ubicación en el celular para confirmar y controlar que estás donde dices que
estás
Te amenaza con
difundir mensajes o imágenes tuyas por internet si no haces lo que él quiere”.
Preludio en el noviazgo
Parejas de
adolescentes y jóvenes comienzan a reproducir modos de relación signados por la
violencia y toxicidad. Discusiones que finalizan en empujones, golpes o
rasguños. “Estamos jugando”, es la respuesta que suelen dar cuando algún adulto
espectador trata de intervenir. Son el signo de una relación donde la violencia
se ha naturalizado. Se reproducen creencias de que las peleas son buenas porque
vuelven más excitante la reconciliación. Otras creencias: “Es normal que suceda
en cualquier pareja” “Después de un tiempo se les pasará” justifican la
presencia de agresiones. Lamentablemente, la violencia, una vez instalada y
legitimada, crecerá en intensidad.
Desde muy jóvenes hay
que insistir en que nada justifica que te agredan y traten mal. Que es un mito
la idea de que quien agrede lo hace porque te quiere mucho. Que no puedes
sentir culpa por ser cómo eres. Identificarlo a tiempo puede marcar la
diferencia para no vivir sufriendo.
Publicado en Efecto Cocuyo

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